lunes, 14 de septiembre de 2009

Carta a un niño que no llegó a nacer



Autora: Oriana Fallaci  - (Florencia,  29 de junio de 1929-15 de septiembre de 2006)                                                                                               

Otros títulos de esta escritora:  El sexo inútil-  Entrevista con la historia- Un hombre- La rabia y el orgullo- La fuerza de la razón- Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci

 

Reseña realizada por Leonor Fernández Riva


"Anoche supe que existías: una gota de vida que se escapó de la nada. Yo estaba con los ojos abiertos de par en par en la oscuridad y, de pronto, en esa oscuridad, se encendió un relámpago de certeza: sí, ahí estabas. Existías".

Oriana Fallaci, la gran escritora nacida en Florencia, Italia en 1929, describe en esta tierna y desgarradora "Carta a un niño que no nació", escrita en 1975, esa sensación de amor y a la vez de remordimiento que sentimos algunas mujeres al traer a la vida a un ser al que no le podemos asegurar la felicidad; un ser que quizá un día nos reprochará con amargura: "Quién te pidió que me trajeras al mundo, por qué me trajiste, por qué?" Un embarazo difícil por ser, además de madre soltera, una exitosa profesional cuyos planes se truncan ante el anuncio imprevisto de este hijo no planificado. "Mi amiga dice que estoy loca al querer conservarte, ella que está casada ha abortado cuatro veces en tres años". Esa cruel alternativa es considerada también fugazmente por esta mujer inteligente: "En la tiniebla que te envuelve ignoras hasta que existes. Yo podría deshacerme de ti, y tú nunca lo sabrías. No tendrías la posibilidad de llegar a la conclusión de si te he hecho un daño o un regalo. Pero nada es peor que la nada hijo. Lo verdaderamente malo es nunca existir".

 

Pero el poderoso instinto materno triunfa sobre el raciocinio intelectual y lógico de esta mujer excepcional, y entonces, la mujer madre, trata de proteger a su hijo, aun en contra de su propia voluntad. Empieza así, a lo largo de su breve embarazo, un tierno y desgarrador monólogo con ese ser tan extraño y a la vez tan suyo, que ha tomado posesión de sus entrañas. "Ciertamente, tú y yo formamos una extraña pareja, niño. Todo en ti depende de mí, y todo en mí depende de ti: si enfermas, yo enfermo y si muero, tú mueres. Pero extrañamente, no puedo comunicarme contigo, ni tú conmigo". "Ahí adentro ignoras lo qué es la esclavitud. Aquí afuera, en cambio, tendrás mil amos. Y el primer amo seré yo, que, sin quererlo – tal vez sin siquiera darme cuenta- te someteré a imposiciones que son justas para mí, pero no para ti. Tu encuentro con el mundo será un llanto desesperado. En los primeros tiempos solo conseguirás llorar. Pasarán semanas y hasta meses antes de que tu boca se abra en una sonrisa. "Serás un hombre o una mujer? Quisiera que fueses mujer. Ser mujer es fascinante, es un desafío que nunca llega a aburrir. Tendrás que batirte para demostrar que dentro de tu cuerpo liso y redondeado hay una inteligencia pidiendo a gritos que la escuchen. Te cansarás de gritarlo y, a menudo, casi siempre, perderás. Pero no debes desanimarte, batirse es mucho más hermoso que vencer; viajar, mucho más divertido que llegar. Sí. Espero que seas mujer; no me hagas caso si te llamo niño" "Pero si naces varón, me sentiré igualmente contenta y tal vez más, porque te verás libre de muchas humillaciones, de muchas servidumbres, de muchos abusos. Naturalmente, te corresponderán otras esclavitudes, otras injusticias; tampoco para un hombre es fácil la vida, ¿sabes? Y sin embargo, o precisamente por eso, ser hombre constituirá una aventura maravillosa, una empresa que no te decepcionará jamás. "Te he comprado una cuna. Después de comprarla recordé que, según dicen algunos, poseer una cuna antes de que nazca el niño trae mala suerte. Pero las supersticiones ya no me afectan".

 

Y sin embargo, algo sucede, la madre deja de sentir la presencia del hijo. Visita al médico y sus palabras cordialmente indiferentes, la hunden en la pesadumbre: "Tiene usted razón, desde hace por lo menos dos semanas, quizá tres, ya no crece. Ánimo, no hay más remedio. Ha muerto". Desde el fondo de su corazón le parece escuchar la voz de su hijo: "¿Por qué debo de existir mamá? ¿Cuál es la finalidad? En mi universo, que tú llamas huevo, esa finalidad existe: nacer. Pero en tu mundo la finalidad es tan solo morir; la vida es una condena a muerte. Y yo no veo por qué tengo que salir de la nada para regresar a la nada". Martillante y cruel, surge dolorosa la pregunta que nunca ya podrá tener contestación: "Habré sido yo, hijo, la que te decepcione de la vida y te impulsé al suicidio?

 

Oriana Fallaci describe en esta breve pero apasionante historia de un embarazo no deseado, la cruel alternativa a la que se enfrentan tantas madres solteras alrededor del mundo. No es este un libro que una  mujer pueda leer con impasibilidad; Carta a un niño que no llegó a nacer hará vibrar las fibras más sensibles de nuestra alma. Su lectura, de seguro aclararía muchas dudas en aquellas mujeres que se encuentran próximas a tomar una decisión  que  irremediablemente  marcará  sus vidas.

 

En los párrafos finales la madre comprende que el indescriptible dolor por ese hijo que no nació, es solo un hecho aislado dentro de la vorágine de la reproducción humana: "Ahora ya no estás. Sólo hay un frasco de alcohol dentro del cual flota algo que no quiso convertirse en hombre o en mujer. "¿Por qué debiera hacerlo?" me preguntaste. ¡Pues porque la vida existe niño! Pero en algún otro sitio nacen mil, cien mil niños, y madres de futuros niños. La vida realmente, no te necesita ni a ti ni a mí. Tú estás muerto y tal vez muera yo también. Pero no importa, hijo, porque la vida nunca muere".

 







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1 comentario:

Anónimo dijo...

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